LOS TERRITORIOS DE LA SOLEDAD
En el mar de mi llanto navegan raídas auroras del pasado, bajo mis pies crujen como las hojas del otoño y con ellas cruje el alma mía.
En el mar de mi llanto navegan raídas auroras del pasado, bajo mis pies crujen como las hojas del otoño y con ellas cruje el alma mía.
Hoy que no estás a mi lado y tu ausencia enluta los atrios tristes de mis aposentos, sigo viéndote caminar por los rincones de este lugar que fue tan tuyo, tan mío, tan nuestro, puedes creerlo LUNA, tus pisadas dejaron un eco sempiterno. Hoy que tus tonos fuertes no me despiertan de mis frecuentes letargos; que tu figura en la mañana ya no colorea de malva el día y tu amor no abastece la soledad que ha poblado mi vida en los últimos años, puedo ver lo que tu pequeña existencia le daba a la mía.
A la niña que fui hoy a la abrazo y la ciño a mi pecho, le entrego el amor que faltó y cubro su soledad con mi tardía figura, le sufrago a concebir que tarde llegué, pero llegué y me quedé.
Si de verdad quiere saber que es poesía salga al mundo, pero cuando vaya por sus caminos quítese la venda que condiciona la visión que tiene de esta orbe.
Entre tus sumas y tus restas no te das cuenta, pero las manos se aflojan, los ojos revientan, el llanto asola, el cuerpo se tensa, los labios ocultan, el corazón se arruga y el ser yerra en muchas preguntas y pocas respuestas.
Y nada me llena más que el saberme conmigo, habitando en el movimiento continúo de este amasijo viviente que respira y se agita, que pulsa fecundidades rojas de vida, desde este fruto carnoso e imparable que me sacude a su ritmo.
Te escribo cuando a mi paso alguien se acerca trayéndome el olor de tu perfume y tu sonrisa blanquecina, cuando te veo vacilando con tu contoneo en otro cuerpo.
merodeo en la incomprensión, no tengo ni siquiera el valúo de saberme en esta morada de dolores que comprende mi humanidad, nunca he podido llegar al meollo y vacilo en una nada infinita que me lleva al vacío y aquí estoy, contenida en la discrepancia desde siempre
parecerá extraño tan sólo pensar que un día creamos un universo entre nuestros brazos, olvidarás tal vez que besé cada uno de tus lunares y que mi piel fue tu refugio favorito.
El tiempo va secando como lo hace el otoño, hasta que te cruje el alma como esas hojas secas que el paso de tu pie lento magulla, y cuando miras atrás desde la otra orilla ya no puedes remediar lo que el tiempo se llevó.
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