ANTES DEL PRIMER LATIDO
Serie.
El taller creativo de Dios. I
¿Y si mi historia comenzó mucho antes de mi nacimiento?
Hubo un tiempo en el que yo aún no era polvo.
No tenía nombre.
No tenía voz.
No había aprendido a llorar, a reír ni a pronunciar una sola palabra.
Y, sin embargo… ya era un pensamiento en Tu corazón.
Mucho antes de que mi madre sintiera el primer movimiento en su vientre, Tú ya habías pronunciado mi historia en el silencio de la eternidad.
Me gusta imaginar que existe un lugar donde nacen todas las historias. No porque Tú necesites un taller para crear, sino porque mi corazón necesita una imagen para acercarse al misterio de tu amor.
Lo imagino lleno de una luz que no hiere los ojos; una luz que abraza. Allí no existen relojes, porque nada envejece. No existen despedidas, porque todo comienza. Es el lugar donde el Amor tiene la costumbre de crear.
Y allí estabas Tú.
No como un artesano apresurado.
Como un Padre.
Un Padre que disfruta cada detalle de la obra que está por entregar al mundo. Te imagino en silencio delante de un lienzo que todavía no llevaba mi nombre.
No porque hubiera vacío en Ti… sino porque estabas a punto de llenarlo de una historia única.
La mía.
Quizá sonreíste antes de trazar el primer rasgo.
Quizá imaginaste los ojos con los que contemplaría tus amaneceres.
Las manos con las que un día abrazaría a quienes amo.
La risa que todavía nadie había escuchado.
Las lágrimas que un día también enjugarías.
Y el propósito escondido en cada uno de mis pasos.
No estabas creando solamente un cuerpo.
Estabas comenzando una historia.
Mientras el mundo ignoraba por completo que yo existía…
Tú ya me conocías de principio a fin.
Y cuando todo estuvo dispuesto…
me miraste.
Me gusta creer que ese fue nuestro primer encuentro.
No había ruido.
No había miedo.
No existía el pecado.
No existía la distancia.
Solo estábamos Tú…
…y yo.
Tal vez por eso el corazón humano nunca deja de buscar a Dios.
Porque, aunque la memoria haya olvidado aquel instante, el alma conserva la nostalgia del primer Amor que la contempló.
Después vino el vientre.
Después vino el nacimiento.
Después la vida, con sus alegrías y sus heridas.
Después los caminos en los que tantas veces intenté encontrar lejos de Ti aquello que solo había conocido en Ti.
Y un día comprendí que mi historia no comenzó cuando alguien pronunció mi nombre en esta tierra.
Comenzó mucho antes.
Comenzó cuando el Amor decidió que yo existiera.
Quizá por eso el salmista pudo escribir:
«Mi embrión vieron tus ojos.»
Porque antes de haber un embrión…
ya había una mirada.
Antes de existir un corazón que latiera…
ya había un Corazón que amaba.
Y antes de que alguien pudiera llamarme hija…
ya tenía un Padre.
Mañana abriremos juntos la puerta de un lugar que solo existe en mi imaginación, pero que nació al contemplar las palabras del Salmo 139. Lo llamé: El taller creativo de Dios. (1 de 3)

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3 meses
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